Como seres humanos y como elementos físicos del Universo, estamos gobernados por ciertos principios físicos.

Quizá hayas escuchado hablar de un tal Isaac Newton. En el siglo XVII enunció una serie de leyes básicas sobre la dinámica de los cuerpos físicos.

Una de ellas, el principio de la inercia, habla de que los cuerpos tienden a mantener su estado de movimiento si sobre ellos no actúan fuerzas.

Esto significa, que lo que está en reposo, tiende a permanecer en reposo. Y lo que se mueve uniformemente, tiende a mantener ese estado.

La traducción de este principio en nuestra vida diaria es que si tiendes a pasar horas y horas sentado o tumbado sin hacer nada, lo más natural es que continúes haciéndolo. Y que si, por ejemplo, haces ejercicio todos los días durante media hora, continúes haciéndolo.

Es decir, a menos que actúe una fuerza (que comúnmente llamamos fuerza de voluntad), no conseguiremos cambiar nuestros hábitos.

Salir de la zona de comodidad facilita la creación y eliminación de hábitos

Para cambiar nuestros hábitos es necesario primero cambiar nuestra mente y nuestra forma de pensar, y para hacerlo debemos incomodar a nuestro cerebro. Hacer cosas que no le gustan para que, en el momento en el que se presente un problema, no le asuste tanto y lo abordemos con más ecuanimidad e inteligencia.

Aquí te presento una serie de prácticas que puedes comenzar a realizar hoy mismo que a la larga te permitirán responder mejor a los cambios.

Probablemente, sobre todo si es la primera vez que oyes hablar de ellos, algunos te resulten demasiado duros o extraños. Es normal.

Pero una vez los pones en práctica y experimentas de primera mano cambios increíbles en tu calidad de vida, los normalizas y disfrutas con ellos.

Esta serie de prácticas son algo que personalmente he implementado en mi vida y continúo haciéndolo y mejorándolas. En los artículos que he encontrado sobre esto no se habla de ellos.

Ahí van.

7 prácticas para salir de la zona de confort y fortalecernos mentalmente

Practicar el ayuno

Por desgracia, estamos sometidos a un fuerte condicionamiento social. Y muchos hemos sido educados con el mito de que debemos comer cinco veces al día.

El problema está en que nuestro cuerpo sigue ciertos principios biológicos, fruto de miles de años de evolución.

Y si nuestros ancestros estaban acostumbrados a pasar días (incluso semanas) sin comer por la falta de recursos, no es descabellado pensar que lo extraño para nuestro cuerpo sea ingerir nutrientes continuamente y en periodos de tiempo tan cortos.

Nuestro sistema digestivo no está diseñado ni preparado para estar trabajando constantemente.

Visita este artículo para contrastar la realidad con los mitos que nos han sido enseñados y conocer los beneficios de esta práctica.

La lección que debemos aprender con esto es la siguiente: nuestra zona de confort en este caso es comer regularmente. Y cuesta mucho esfuerzo aumentar el tiempo de ayuno.

Conseguiremos pues fortaleza mental si sometemos durante cierto tiempo a nuestro cuerpo al estrés de no tener alimentos que ingerir y en su lugar tener que obtener energía otras fuentes de reservas con las que contamos.

Forzarse a dormirse antes y madrugar

Esto es un clásico.

Comúnmente, a menos que tengamos una obligación que nos fuerce, sentimos la tentación de permanecer en la cama. Así funciona el principio de la inercia.

La realidad es que nuestro cuerpo necesita cierto tiempo para repararse. Pero perdemos cientos de horas que podríamos emplear en actividades productivas durmiendo.

Además de que la calidad del sueño no siempre es la adecuada.

No solamente me refiero a dormir más de 9 o 10 horas. También me refiero a tener la fuerza de voluntad de acostarse antes, algo complicado al someter a nuestro cerebro a un constante exceso de estímulos e información.

Esta herramienta no solo nos proporciona fortaleza mental, sino que también nos puede dar esa disciplina que necesitamos para impulsar nuestro proyecto.

Una vez construimos el hábito de madrugar y dormir antes, estamos consiguiendo eliminar las últimas horas del día que, generalmente, son cero productivas. Y además, ganamos tiempo de calidad por la mañana. Y digo de calidad porque es más probable que a ciertas horas de la mañana tengamos menos distractores.

Personalmente esta es una de las cosas que más me ha costado adoptar en mi vida. Y algo que he aprendido es que tampoco es necesario seguir esta práctica durante todos los días del año. Hay momentos para todo, pero es mejor construir un hábito saludable y que existan excepciones a que sea al revés.

Lo más adecuado es ir adoptando esto poco a poco, para evitar el efecto rebote.

Lo que recomiendo es levantarse cada día unos 20 minutos antes. Hasta llegar a levantarse a la hora deseada.

En mi caso he sido madrugador durante toda mi vida, aunque nunca me había planteado que mi mañana empezara antes de las 7 de la mañana.

Pero hace un tiempo conocí el llamado club de las 5 de la mañana. Esto no significa que me levante a esas horas durante todo el año. Como he dicho, se trata de construir un hábito. De esto hablaré en otro post.

Para ahorrarte un mal trago, quiero recomendarte que esto no lo hagas repentinamente. Comienza paulatinamente hasta llegar ahí si así lo deseas.

Entrenar regularmente

Dejando a un lado todos los beneficios que el entrenamiento físico nos proporciona, uno de ellos (y quizá el más importante) es la fortaleza mental.

Al entrenar sometemos a nuestros músculos y a nuestro cerebro a cierto estrés.

De esta forma abandonamos la zona de comodidad y preparamos a nuestro cerebro para responder mejor a los cambios. Sobre todo a lidiar con el estrés del día a día.

En este caso el principio de la inercia funciona de la siguiente forma: al entrenar liberamos cierta clase de hormonas. Concretamente, una serie de hormonas conocidas como ”hormonas de la felicidad”, que son la dopamina, serotonina y endorfinas entre otras.

Lo bueno de esto es que a nuestro cerebro le gustan, y por tanto cuando faltan producen síndrome de abstinencia (el mismo efecto que otras drogas como por ejemplo el azúcar, el alcohol o el tabaco).

De ahí que cuando tomas el hábito de entrenar sea más fácil asistir al siguiente entreno.

Lo mismo ocurre con las redes sociales, pero de eso hablaremos en otro momento.

Ducharse con agua fría

Aquí pasamos a lo divertido y a lo que la gran mayoría de personas no hace.

Esta práctica es el principio del conocido método Wim Hof.

Además de los beneficios que proporciona a nuestro sistema cardiovascular, es una de las formas más rápidas y efectivas de someter a nuestro cerebro al estrés.

Como ya he hablado, es una forma de entrenar al cerebro para responder mejor a los cambios (además de despertarte rápidamente por las mañanas y no parecer un zombi;)).

Caminar descalzo en la naturaleza

Esta es una práctica estoica que a mí me encanta.

Puedes hacerlo en el mismo parque mientras entrenas o en algún medio natural. Eso sí, ten cuidado por dónde pisas. A veces encontramos objetos indeseables en el suelo.

Para empezar y que el proceso no sea tan doloroso, puedes comenzar haciéndolo por casa, luego en césped y si realmente te gusta y te sienta bien puedes hacerlo en cualquier otro medio natural.

Si lo piensas, nuestros pies lo necesitan y lo agradecen. Pues el hecho de que utilicemos calzado constantemente hace que vayan perdiendo fortaleza y funcionalidad.

Además es una buena forma de sentir ese sano dolor para que nuestro cerebro sea cada vez más fuerte.

Pasar tiempo solo

Vivimos en una sociedad hiperconectada.

Continuamente tenemos contacto con otras personas, y cuando no, lo buscamos.

No digo que esto sea malo, de hecho somos por naturaleza seres sociales y nuestras relaciones son un aspecto muy importante a tener en cuenta.

Pero también necesitamos estar bien en soledad para poder estar bien con los demás.

Por ello propongo no solo buscar ratitos para uno mismo, sino pasar al siguiente nivel. Hablo de desaparecer del mundo unos días. Eso sí, no me malinterpretes. Toma las medidas necesarias para que tus cercanos no piensen que te ha pasado algo, pues queremos lo mejor para ti y tus relaciones.

Esta práctica es un ejercicio de desapego muy efectivo.

Nos permite madurar, asumir que nuestro tiempo y nuestra vida es nuestra y, en definitiva, crecer.

Debemos superar la idea de que necesitamos de los demás para estar bien.

Lo cierto es que antes necesitamos estar bien solos.

Vestir mal

Espera. Antes de que me llames loco, déjame explicarte.

Nuestra zona de confort es intentar proyectar en el mundo nuestra mejor versión. Muchas veces ni siquiera nos acercamos a serlo.

Por eso, pensamos mucho en el quedirán. Y nos sentimos bien cuando creemos que nos ven bien.

Desapegarse de la necesidad de validación social es fundamental. Esto nos permite enfocarnos en lo que tenemos que hacer y no en llevar puesta una máscara que tape nuestras imperfecciones.

Esta práctica es mucho más sanadora de lo que puede parecer, pues una vez interiorizas que la opinión de los demás no tiene que afectarte al ser algo que generalmente no puedes cambiar, tienes y sientes mucha más libertad.

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